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Hasta siempre, ilustre maestro

Marisa Muñoz

 

El pasado 30 de abril murió uno de los grandes pensadores latinoamericanos. Su legado es inmenso, tanto en el terreno de la historia de las ideas como de la cultura regional de Mendoza. En esta nota, lo recuerda una de sus discípulas.

Qué se puede esperar que diga alguien que se ha dedicado toda su vida a la filosofía? ¿Qué es ‘filósofo’?”. Estas preguntas se hizo Arturo Roig cuando fue nombrado Profesor Emérito en el 2003 por la Universidad Nacional de Cuyo. Llevaba más de medio siglo poniendo en ejercicio un filosofar arriesgado, tanto por la elaboración conceptual como por el compromiso social y político que caracterizó su praxis intelectual. Así lo testimonia hasta el final su mesa de trabajo repleta de proyectos: la reedición de su Platón, en el que un prólogo sin terminar no fue más que una expresión de sus diálogos inacabados con el maestro griego; un texto que integraría una edición en España de la obra de su padre Fidel Roig Matons, catalán republicano, pintor y músico, de quien heredó hábitos austeros y una especial sensibilidad ante el mundo de la cultura. Estaba empezando a organizar el tercer tomo de la literatura mendocina, sistematizando materiales que había logrado reunir en perseverantes jornadas en la Biblioteca San Martín y en diarios mendocinos del siglo XIX y XX y había separado también textos de y sobre Rousseau, pues pensaba coordinar un dossier en la revista mendocina Estudios de Filosofía Práctica e Historia de las ideas. También estaba corrigiendo la traducción de su libro Teoría y crítica del pensamiento latinoamericano que será publicado próximamente en Francia.

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